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El Pez Diablo

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El Pez Diablo

Mensaje por Sucino el Miér Abr 06 2011, 14:59

¿Por qué Pez Diablo? ¿Qué es esa cosa tan fea que asoma allá arriba? En la inauguración de este blog adelanté que iba a dar las respuestas a estas preguntas, y de eso se trata esta nueva entrada.

Esa cosa tan repugnante que corona este weblog es el protagonista de uno de los pocos fenómenos paranormales que se han visto en la ciudad de Pergamino. Su historia, como toda historia de misterio que se precie, halla su anclaje en una casa. Se llama «Casa Graciela». Está sobre calle San Nicolás, a la vuelta del edificio de la municipalidad, y a primera vista es como cualquier otra boutique. A segunda vista no. Para empezar, presenta un rasgo topológico que suele caracterizar a locales más grandes: sus vidrieras se adentran en el edificio, definiendo entre ambas una garganta (o pasillo, si usted lo prefiere) que desemboca, metros más adentro, en una epiglotis que, a falta de un nombre más descriptivo, llamaremos «puerta».

En ese pasillo suelen exhibirse dos yacimientos desusados en un negocio de esta especie. Uno de ellos es una vitrina que contiene billetes y monedas de edades y procedencias surtidas, protegido cada espécimen pecuniario por un envoltorio plástico que lleva adosados una descripción y un precio. El otro yacimiento es una colección de libros y revistas que, lejos de ser incunables, revisten sin embargo una antigüedad y rareza notorias. El pergaminense que esté interesado en un Siete Días de la década del ’70 o un El Gráfico de la época en que atajaba Carrizo haría bien en darse una vuelta por Casa Graciela.

Pero lo más inquietante es lo que se descubre a tercera vista.

Más de una vez he curioseado entre estos ejemplares, y en una ocasión compré allí una edición de los ’50 de La isla del tesoro. Fue en una de esas oportunidades que lo vi por primera vez, monopolizando una de las vidrieras.

En una palabra: horrible. En otra palabra: espantoso. Poniéndolo en imágenes, era más o menos así:

http://www.google.es/imgres?imgurl=http://img204.imageshack.us/img204/8651/pezfrente0gd.jpg&imgrefurl=http://pez-diablo.blogspot.com/2005/08/la-leyenda-del-pez-diablo.html&usg=__MdOuSxcGcQqOiE72PGGYYiwET5A=&h=463&w=283&sz=19&hl=es&start=0&zoom=1&tbnid=jjh88JS7-b-ezM:&tbnh=178&tbnw=109&ei=GH6cTZGcKILetAaYrJyLBg&prev=/images%3Fq%3Dpez%2Bdiablo%2Bwikipedia%26um%3D1%26hl%3Des%26sa%3DN%26biw%3D1276%26bih%3D627%26tbm%3Disch&um=1&itbs=1&iact=rc&dur=576&oei=GH6cTZGcKILetAaYrJyLBg&page=1&ndsp=19&ved=1t:429,r:1,s:0&tx=20&ty=113

Impresiona, ¿eh? Aunque en aquel entonces no estaba enganchado a un palo de plumero como se lo ve aquí, sino suspendido del techo con tanzas, y tenía adherido un papel en el que se leía «pez diablo». Yo nunca había visto nada parecido, y me llevé a mi casa la impresión y la incógnita (además del libro).

Y acontenció un buen día que, al buscarlo para regodearme morbosamente en la repugnancia, no lo encontré. La vidriera había reclamado su función natural de muestrario de mercaderías, y el engendro había sido desplazado. Aquel día volví a mi casa sin impresión y sin libro, pero con una incógnita de más.

Pasaron los años. No muchos, dos o tres a lo sumo.

Y al fin tengo para ofrecerle, amigo lector epiceno, una fecha específica: lunes 11 de octubre de 2004. Eran poco más de las 19 horas, y el televisor estaba sintonizado en América Noticias. Fue entonces cuando, sin aviso, una cara conocida apareció en la pantalla. La cara era ésta:

http://www.google.es/imgres?imgurl=http://img15.imageshack.us/img15/4787/pezcara9lv.jpg&imgrefurl=http://pez-diablo.blogspot.com/2005/08/la-leyenda-del-pez-diablo.html&usg=__CpSwv04hJ4LLkEeFvFinbnufHAk=&h=241&w=219&sz=7&hl=es&start=0&zoom=1&tbnid=hatla4zfmYX0mM:&tbnh=144&tbnw=131&ei=GH6cTZGcKILetAaYrJyLBg&prev=/images%3Fq%3Dpez%2Bdiablo%2Bwikipedia%26um%3D1%26hl%3Des%26sa%3DN%26biw%3D1276%26bih%3D627%26tbm%3Disch&um=1&itbs=1&iact=rc&dur=647&oei=GH6cTZGcKILetAaYrJyLBg&page=1&ndsp=19&ved=1t:429,r:8,s:0&tx=102&ty=103

«¿Qué es esto?», preguntaba con profesional espanto la voz en off, prometiendo una cobertura del asunto en el transcurso del programa. El juego de encuadres y contraluces le daba al engendro un aspecto más siniestro aún que el que tenía por derecho propio, pero esto no me impidió decir: «Eh, yo lo conozco». La historia que relaté a mi familia fue confirmada minutos más tarde, cuando se mencionó a Pergamino. Conocimos entonces a Palmira Pajón, la dueña de Casa Graciela, quien instalada junto al bicho (que ya no colgaba con una inclinación que sugería un pez en el agua, sino que se lo veía erguido, como un homúnculo) aseveraba categóricamente: «Es un bebé extraterrestre».

La señora Palmira contaba a la cámara su versión de los hechos:


Lo pesqué yo en Monte Hermoso. Cuando lo saqué lo primero que hizo fue mirar a mi marido a los ojos. Después me empezó a mirar a mí, y después miraba a todas partes. Giraba la cabeza porque tenía el cuello como nosotros.


El hecho de que la señora Palmira llevara un cuello ortopédico al momento de dar la entrevista plantea una tentación que resistiré lo suficiente como para no poner más que este comentario. El relato continuaba:


Tiene más o menos veinticinco años, y guardado estaba en una caja y hace poco tiempo mi yerno encontró esa caja, la abrió y vio. No sabía lo que era eso. Me vino a preguntar, y entonces yo me acordé que hacia años estaba guardado.

El bicho, atado a su palito tutor, no confirmaba ni negaba la historia. A lo mejor temió que la señora Palmira se enterara de sus travesuras, cuando escapaba de la caja y se exponía a la vista del mundo en la vidriera del negocio.

O a lo mejor no hablaba por la sencilla circunstancia de que estaba embalsamado.

El noticiero terminó con la promesa de más información sobre el asunto para el día siguiente. Y, por supuesto, las preguntas quedaron ahí. ¿Por qué estaba tan segura la señora Palmira que eso era un «bebé extraterrestre»? ¿Lo había oído llamando a su mamá? ¿O tal vez había encontrado ejemplares adultos? En la edición del martes 12, la señora pareció dar alguna pista al referirse a un extraño que llegó a preguntar por el exoinfante:


Apareció un hombre negro, grandote, gordo, con sombrero negro. Se le volaban las solapas del sobretodo, bailaba, pero cuando bailaba me amenazaba. Vivió amenazándome todo el rato (...) y yo le preguntaba: «¿Quién es usted?» Se me ocurrió decirle eso, no sabía qué hacer. No me contestó. Le volví a preguntar: «¿Quién es usted?», y tampoco. Entonces pensé: «La próxima vez se lo voy a decir fuerte por si está mi yerno, para que entre y vea». Me adivinó el pensamiento y desapareció.

¿Había sido visitada la señora por el papá de la criatura? Si es así, todo parece indicar que llevaba muy poco tiempo entre nosotros, pues de otra manera no se explica su patético mimetismo con la especie humana. Si hasta la cucaracha Edgar de la película Hombres de negro llevaba un mejor disfraz.

Como sea, de este Michael Jackson in Black no hay más referencias que las ofrecidas por la señora, mientras que la minimomia seguía ahí, a la vista de todo el mundo. La primera entrega del informe no había dado muchos indicios ciertos sobre su posible naturaleza (salvo que usted, amigo lector epiceno, le atribuya algún peso a los divagues sobre sobre puertas interdimensionales con que Fabio Zerpa regaló a la audiencia).

Pero, pese a que seguía sin saber «qué es esto», yo estaba contento de que se hubiera mencionado a Pergamino en un noticiero de la capital, y por un asunto tan loco, nada menos. Esa misma noche lo mencioné en la lista de correo de Axxón, con cierto orgullo localista. La repercusión no se hizo esperar, y en poco tiempo (gracias particularmente a las respuestas de Eduardo Carletti, director de Axxón, y Alejandro Agostinelli) terminé sabiendo más de aquel fenómeno (en el más amplio sentido de la palabra) que los periodistas del multimedio.
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Re: El Pez Diablo

Mensaje por alex.rs98 el Mar Abr 26 2011, 12:10

A mi me parece el primer enlace una estatua..
Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil El pez Diablo Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil

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